TRABAJAR EN CASA



Trabajar en casa no significa estar al servicio ni ser esclava de la familia. Si bien no tenemos un convenio que regule nuestras condiciones laborales (y sería absurdo plantearlo siquiera) si que tenemos nosotras mismas que poner los límites. Me explico: si llega el fin de semana y hay que desayunar, no tenemos por qué preparar lo de todos, igual que tampoco esperamos que nos lo sirvan a nosotras. Esto es sólo un ejemplo. Lo que quiero decir es que cuando estamos solas en casa y los demás están fuera, en sus trabajos o estudiando, lo lógico es que nos ocupemos nosotras de las cosas de casa, que no es sólo cocinar y limpiar el polvo, como creen muchas personas, sino muchas cosas más que no voy a enumerar porque esto no tendría fin. Pero cuando todos estamos en casa es lógico que compartamos las tareas y no nos quedemos viendo como lo hace mamá de bien. En fin, que tenemos que enseñar a los que nos rodean a valorar nuestro trabajo y nuestro esfuerzo y a no esperar a que se lo den todo hecho, y os aseguro que eso cuesta peleas, malas caras, enfados y críticas, pero hay que ser fuerte y hacerse un tanto egoista porque si no, se nos comen por las patas. Y no esperar a que sea demasiado tarde, porque cuesta un triunfo, os lo digo por experiencia. Recordad que lo que se hace como un favor una vez, se agradece, pero si se empieza a hacer una y otra vez, al final se convierte en una obligación, y el día que no lo haces eres mala, malísima.