LA LECTURA Y LOS NIÑOS


Parece ser que últimamente los niños y la lectura no hacen muy buenas migas. Yo creo que uno de los problemas es el empeño en obligarles a leer. El gusto por la lectura, como por cualquier otra cosa no puede ser una obligación. A nadie le gustan las obligaciones. Uno ama las cosas que le hacen disfrutar, y las obligaciones son eso: obligaciones. Por eso creo que no hay que insistir tanto en que lean. Deben leer en el colegio, como hemos hecho todos, pero luego en casa hay que unirse a ellos con cosas que sean de su agrado, para que ese gusto vaya despertando poco a poco, y de una manera inconsciente, sin darse cuenta. Antes estaban los maravillosos tebeos que yo iba a cambiar, sobre todo en verano, a un cuchitril que había cerca que mi casa, que se dedicaba a eso, a cambiar tebeos y fotonovelas y a vender alguna chuche. Recuerdo que los devoraba, lo pasaba pipa leyéndolos. En casa de mis padres, como ahora en la mía, siempre ha habido libros, y recuerdo que mi padre me llevaba los domingos al rastrillo de Tetuán y siempre parábamos en los puestos de libros. Muchos de los libros que tengo de cuando era pequeña son de esos puestos, unos nuevos y otros de segunda mano, pero me daba igual, yo los leía. Los Cinco, Puck, Los Siete Secretos… También recuerdo ir con mi padre a la Cuesta de Moyano, a los puestos de libros y a comprar “torraos” en un puestecillo que había al salir del Metro. Pero es que antes no había tanta tele, ni ordenadores, ni maquinitas, y había que pasar el tiempo de otras formas. Jugábamos más en la calle, leíamos más… pero bueno no quiero quedarme en lo que era antes, el caso es que hay que incitar a los niños a que lean, y evidentemente, no a todos les va a gustar la lectura, como no a todos les gusta el chocolate. Mi hija mayor, Marta, de 15 años, siempre ha sido una devoralibros, desde pequeñita, y sin tener que insistirle, en cambio a Nerea, de 10 años, le cuesta más, hay que animarla, pero NO obligarla. Por ejemplo, cuando estoy haciendo la cena le digo: -Anda Nerea, léeme un poco, y me va leyendo mientras yo hago cosas, así de paso le corrijo la entonación, y al irse a la cama, ha cogido la costumbre de leer un rato antes de dormir. Cuando eran pequeñitas les leíamos, bien su padre, o bien yo, mientras cenaban, o cuando se iban a la cama, y cuando ya empezaron a leer ellas, nos leían a nosotros antes de irse a acostar. Pero lo importante, yo creo, es que lean bien, enterándose de lo que dice la lectura, no dejarles demasiado tiempo con la tele y demás aparatitos demoníacos, que a todos nos roban un montón de tiempo en cuanto nos descuidamos. Un ejemplo: no se debe dejar que enciendan la tele cuando se levanten. Los fines de semana los niños se levantan más temprano que los adultos porque, generalmente, también se acuestan más temprano, pues bien, al levantarse que sólo tengan la opción de quedarse en su cuarto jugando, sin hacer ruido, o mirando cuentos, hasta que nos levantemos nosotros, pero que no pongan la tele, bajo ningún concepto, ni jueguen con ordenadores ni maquinitas, en eso sí que hay que ser tajante, y si se les acostumbra así desde muy pequeños, es pan comido. Al fin y al cabo, somos animales de costumbres.